Ana Patricia Palacios • La levedad del ser • Revista Diners No. 432

Por María Margarita García • March 2, 2006

Cuando los colombianos se iban del país en busca de una "mejor vida" en el exterior, Ana Patricia Palacios dejaba su apartamento, situado en una calle céntrica de París donde había vivido por más de una década, para instalarse en Bogotá, desde donde ha enviado sus trabajos a diferentes lugares del mundo y han surgido obras relacionadas con la identidad y la dualidad. Pero hace dos años resolvió mirar en su entorno, y en especial la vida cotidiana del hombre de hoy, con sus satisfacciones e insatisfacciones, anhelos y pasiones. Como si se tratara de un diario, ha logrado expresar los problemas en los cuales el ser humano se enfrasca todos los días para seguir adelante. 

Sumergida en el universo de lo simple, trasciende la cultura. " En esta serie no sólo he querido mostrar al individuo en su cotidianidad sino plantear el conflicto existencial a interno del hombre en general. Es en realidad un trabajo intuitivo, abordado a través de algunos símbolos como el del clown". De este modo se detiene en la incapacidad del ser humano para ser feliz, en el interés de abarcarlo todo, de seguir las pautas sociales, también en la con vivencia en pareja a incluso en el travesti. "No me interesa entrar en el mundo de los travestis, pero ésta es también una de las manifestaciones del individuo actual". 

Para introducirse a cabalidad en el tema ha manejado cierto grado de ironía, precisamente al utilizar como símbolo la nariz del payaso, que le permite acercarse de una manera crítica a esa batalla diaria que traduce la esencia del ser contemporáneo. En cada uno de sus trazos y pinceladas crea varios planos de lectura donde saltan a la vista algunos conceptos tratados en sus series anteriores como la dualidad, la lucha diaria, y la identidad, que toma tangencialmente al usar el símbolo del clown no sólo como medio para expresar la ironía sino también como signo de las múltiples personalidades del individuo y como indicio de falsedad. "Pretendí expresar todas aquellas cosas repetitivas que nos suceden a 

diario y nos incapacitan para lograr la 'felicidad' (así entrecomillas) anhelada. Además, me interesa trabajar lo grotesco, que deja cierta sensación de incongruencia".  

Para introducirse a cabalidad en el tema ha manejado cierto grado de ironía, precisamente al utilizar como símbolo la nariz del payaso, que le permite acercarse de una manera crítica a esa batalla diaria que traduce la esencia del ser contemporáneo. En cada uno de sus trazos y pinceladas crea varios planos de lectura donde saltan a la vista algunos conceptos tratados en sus series anteriores como la dualidad, la lucha diaria, y la identidad, que toma tangencialmente al usar el símbolo del clown no sólo como medio para expresar la ironía sino también como signo de las múltiples personalidades del individuo y como indicio de falsedad. "Pretendí expresar todas aquellas cosas repetitivas que nos suceden a diario y nos incapacitan para lograr la 'felicidad' (así entre comillas) anhelada. Además, me interesa trabajar lo grotesco, que deja cierta sensación de incongruencia". 

Se trata de obras en las cuales toca los límites del realismo mágico, que expresa esos estados comunes que al observarlos en el lienzo parecen extremos. "Yo no estoy inventando nada, simplemente señalo y a veces me burlo de las situaciones por las cuales pasamos. Así mismo me interesa seguir tratando el problema de la identidad, pero ya no tanto desde la gemelidad, como lo hice hace unos años. Ahora me he introducido en el día a día del ser humano, que al seguir las reglas impuestas por la sociedad, siente un poco coartada su libertad. Todo se convierte en un ciclo, aunque en algunos de los dibujos y pinturas se expresa el rompimiento de esas pautas". 

Ana Patricia Palacios hace un señalamiento a la cultura con temporánea, y se interroga acerca de sus pautas en medio de una sociedad hecha para la competencia. Y lo hace con una obra figurativa, usando pigmentos, en su mayoría naturales, en las pinturas y en el dibujo, "un medio espontáneo al cual me interesa imprimirle su merecido valor". 

Los dibujos, de trazos definidos, siguen el vigor de la línea y del gesto, pero en ocasiones deja en ellos el carácter de registro y de nota diaria en que se advierte la mancha de alguna gota de pigmento sobre el papel. En otras oportunidades establece un puente entre lo espontáneo y lo deliberado, como el hecho de dejar a la vista algunas cuadrículas asociadas con la gestualidad y al mismo tiempo indicadoras del punto central con el cual se obtiene una composición equilibrada. Son dibujos en los que se percibe, como fondo, una base de masilla acrílica que permite ligar el dibujo y la pintura. 

En sus pinturas, limpias y minimalistas aunque son cuadros trabajados, deja ver su interés en la monocromía, mientras que sus dibujos han entrado en el detalle y en el contraste cromático. Y sus fotografías digitales siguen el ritmo urbano. 

Las fotografías, usadas como signo de ese ciclo cotidiano, son oscuras, casi en blanco y negro. De este modo la tonalidad se convierte en símbolo del silencio y de la soledad de los seres citadinos. Aquí presenta "el personaje clown en el me dio urbano, pero apartado y solitario. En realidad es una obra silenciosa y un poco difusa. No me interesa la foto clara y bien acabada; responde un poco a esa nebulosa que cubre a los seres humanos para alcanzar lo ideal". Es un trabajo íntimo en el que se confunden las luces de las calles, los espacios de los grandes edificios en los cuales el personaje es identificable. Sus trabajos recientes expresan su evolución, su proceso de simplificación en las pinceladas y en la inclinación por ahondar en aquellas ideas decantadas a to largo de casi dos décadas de vida profesional. "He pasado del objeto al individuo". 

Esta artista disciplinada y atenta a expresar en sus obras al hombre y la mujer, a poner sobre el tapete las contradicciones del vivir diario, a burlarse de algunos acontecimientos, no ha cesado de trabajar para cumplir con sus compromisos de este año, pues además de la muestra en la Galería Casas Riegner, enviará algunas de sus obras a la Bienal de Tijuana, México. También ha preparado un video para exhibirlo en mayo en el Museo de Arte Moderno de Bogotá. En agosto el Museo de Antioquia, de Medellín, realizará una retrospectiva de sus úl timos quince años de actividad profesional. Y en noviembre volverá a exponer individualmente en el Latin Collector de Nueva York. 

Así Ana Patricia Palacios con sus trazos ágiles, sin perder la espontaneidad del dibujo y con la rapidez de sus pinceladas sobre el lienzo, ha manejado el espacio, ha establecido el contraste y ha aprovechado el accidente técnico para profundizar en el ser humano insertado en la cultura contemporánea occidental.