Santiago Picatoste • Últimos paseos por la feria de Art Cologne • El Mundo

Bird, Francis, Torres, Sard y Picatoste están entre los imprescindibles de la cita.


By CARLOS JOVER

 Un artista que nos ha llamado la atención poderosamente con su técnica de pintura-pintura desvaída e inquietante ha sido Hans Broek (Utrecht, Países Bajos, 1965), cuya obra puede verse en el stand de la galería berlinesa Fahnermann (Hall 2, stand 69), y también en el de la holandesa Tanya Rumpff (Hall 1, stand 5). 
En el expositor de Asbaek (Hall 1, stand 16), nadie debe perderse las cuatro fotografías en gran formato de la pareja formada por Trine Søndergaard y Nicolai Howalt, una de ellas de la serie realizada en campos de nieve. La técnica de realizar diversas tomas desde el mismo punto a lo largo de un tiempo, y luego superponerlas en una sola copia, uniendo así la secuencia fílmica con la instantaneidad de la fotografía, dan un resultado, en su caso, de absoluta belleza más allá de lo que la realidad plana puede ofrecer. Una auténtica obra de altura. 

Tanto en el stand anterior como en el de la galería Xavier Fiol (Hall 1, stand 12), la última obra de Santiago Picatoste reclama la máxima atención por su potente poder de seducción y de golpeo en el centro del espíritu a la vez, fenómeno que desde sus inicios ha levantado todas las polémicas imaginables. Por cierto, en estos mismos días el artista expone también en la sede de Asbaek en Copenhague, una individual extraordinaria que ha cosechado un gran éxito en la capital danesa. 
Para terminar con la reseña de las galerías de aquí, hay que desatacar un fantástico Jim Bird en gesto rojo sobre fondo negro que muestra la galería Altair (Hall 2, stand 57) y la cada vez más valorada Amparo Sard en la Ferran Cano (Hall 1, stand 18), cuyos trabajos de puntillado sobre papel son de gran sutileza y personalidad. 


Una pequeña maravilla es el Mark Tobey colgado en el espacio de la galería alemana, concretamente de Munster, Hachmeister (Hall 2, stand 60), tal vez la pieza que uno compraría en esta feria, si estuviera en condiciones de hacerlo y sólo tuviera una opción a su alcance. A su lado, un gigantesco, para lo que nos tiene acostumbrados, Juan Uslé, siempre acertado, siempre en el lado más preciso de la maestría del genio. Naturalmente, y esto no es añadir nada al paseante entendido, los Sam Francis que abundan en este stand, de factura impecable, nos hacen creer que hemos llegado al cielo de la pintura sin coger ningún avión en la vieja terminal del aeropuerto. 
Una cita también, como triunfador, al portugués Baltazar Torres, cada día más presente en el circuito internacional, y que aquí ha sido mostrado en los stands de las galería Xavier Fiol y Mario Mauroner, con una obra cargada de significaciones y de crípticos mensajes ácidos en torno a la errática postura del ser humano respecto al medio ambiente, a la vez querido, añorado y violentado, en una suerte de amor-odio que nos conduce directos a una tragedia colosal sin vuelta atrás. 

Naturalmente, la feria cuenta con todas las grandes estrellas que se le suponen a un evento de esta relevancia: Barcelós, Picassos, Soulages, Kiefers, etc., pero citar a las grandes estrellas es perder un poco el tiempo, pues ya se supone que saben brillar ellas mismas por sí solas. Como última curiosidad, en la foto que ayer reproducía el periódico con Pilar Citoler, nueva presidenta del Patronato del Museo Reina Sofía, como protagonista, aparecía en el trasfondo una obra del artista de Pollença Amador. ¿Razón? 


Pues sí, es la última adquisición del Patronato, realizada precisamente en la feria de Palma. Enhorabuena, y que sirva todo esto para que la feria entre de verdad en el circuito internacional, y coja la fuerza que ya ha apuntado en la primera edición que se merece el sector artístico balear, cuyo dinamismo reclama con todo derecho un lugar preferente en el mundo del arte