Tony Bechara • Art Nexus, No. 50, 2003

By Chairman Picard • October 2, 2003

Las pinturas recientes de Tony Bechara exploran la oposición entre proposiciones controladas y efectos accidentales.Como estrategia, el enfoque conceptual y formal de Bechara establece una interesante oposición entre la rigidez matemática de la cuadrícula modernista y la incorporación de elementos imprevistos y casuals sobre el lienzo.

De las once nuevas pinturas expuestas, seis incorporan a sus títulos los términos “estratagema” y “fortuito”. La palabra –por lo general un artificio o truco- diseñada para burlar o sorprender al enemigo. Pinturas tales como Stratagem in Gray (2003) saldan una deuda con el arte Op, creando un diseño tridimensional que retrocede y a la vez avanza en el espacio. En este caso, el truco se le hace al ojo humano que percibe un motivo en forma de estrella sobrepuesto a patrones similares que parecen alejarse en el espacio. Este tipo de imaginería meticulosa y controlada puede contrastarse con pinturas como Random:125 Colors (2003), en la que Bechara íntegra coincidencia y azar en su aplicación de colores y formas geométricas repetitivas. El resultado final es una intrincada y deslumbrante matriz de contrastes de color y vibración cromática.

La obra no tiene importancia, más bien, Bechara está interesado en la forma como el espectador interactúa y responde a la pintura. Cómo distingue entre casualidad y propuestas controladas, y cómo los efectos de pura luz y color percibidos por el cerebro son un punto fundamental para el artista. Bechara juega con nuestra percepción visual:mientras que algunas obras se ocupan de la teoría del color y sus efectos sobre el ojo, otras investigan la psicofisiología de la discriminación del patrón y cómo la mente crea significado a partir de la fragmentación y la abstracción visuales. Menos interesado en la figuración y la narrativa que en los efectos gestálticos, Bechara está fascinado con el deseo del espectador de interpretar el significado y trasladar sus abstracciones a patrones y formas reconocibles.

Obras como Yaller y White Out, ambas de 2002, introducen a la mezcla una paleta mucho más monocromática. Los sutiles matices de color modulado crean un efecto moaré que genera la ilusión de un espacio tridimensional rico en textura y profundidad de retirada.                             Los patrones geométricos de Bechara incorporan el toque humano a la ecuación, dándoles un gesto pintoresco y expresivo a la severidad sistemáticas del marco subyacente. El resultado es un efecto sensual y frecuentemente decorativo que integra sutiles imperfecciones y sorpresas fortuitas.

Entre las muchas influencias históricas citadas por Bechara, el artista incluye el movimiento Patrón y Decoración, de mediados de la década de 1970, Artistas asociados con el grupo, principalmente en el sur de California, desafiaron el tabú contra las artes decorativas, inspirándose en una serie de Fuentes, incluidas las producciones artísticas celtas, bizantinas y navajas. Bechara mismo fue influenciado por mosaicos de Ravena de los siglos V y VI, y esta asociación se hace clara cuando uno compara sus intrincados patrones geométricos de pequeñas unidades repetitivas de pintura con las elegantes piezas de teselas empleadas para estructurar elementos pictóricos en las iglesias de San Vital y San Apolinar. Para el espectador contemporáneo, las monumentales cuadrículas de luz y color de Bechara parecen una matriz de píxeles –los diminutos componentes que codifican una pintura en la memoria de un computador- y es precisamente nuestro deseo de ver significado y crear analogies lo que más intriga al artista. La influencia del modernismo sofisticado de artistas como Piet Mondrian, Joseph Albers, y Jesús Rafael Soto,,entre otros, es también visible en los lienzos de Bechara, que dependen en gran manera de suposiciones formalistas con respecto a la naturaleza autónoma de a pintura y la desinteresada contemplación del espectador.

El meticuloso proceso y la sistemática aplicación de la pintura de Bechara nos permiten comprender la mente analítica del artista. Su rigurosa exploración de la ilusión de la perspectiva y la tensión cromática enfatiza el movimiento y el dinamismo a la vez que investiga sus efectos psicológicos en la percepción visual. Al mezclar la precisión de la cienda con el potencial expresivo del arte decorativo, Bechara crea una halagüeña amalgama que atrae tanto el intelecto como la emoción humana.